Movimiento Internacional por la Democratización de los Mercados Financieros y sus Instituciones
 
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La Unión Europea ha favorecido los paraisos fiscales.

 

Juan Hdez. Vigueras, coordinador de la Comisión Tasa Tobin y Paraisos Fiscales de ATTAC España, y autor del libro "Los Paraisos Fiscales", desvela en esta entrevista las implicaciones mundiales de los centros offshore y recuerda la ineficiencia de los organismos internacionales ante ellos.

Entrevista por A. Zarzuela, publicada en Cambio16, nº 1768, octubre 2005

En lo que va de año han abundado las noticias relacionadas con paraísos fiscales: desde la operación Ballena Blanca de Marbella y Gibraltar en Marzo, contra el blanqueo de fondos de la droga con registros de despachos de abogados y detención de profesionales, hasta las más recientes sobre las cuentas secretas millonarias de la familia Pinochet en la Banca Rigg de Washington, donde también se gestiona en secreto la fortuna que las petroleras transfieren al dictador de Guinea Ecuatorial, según las investigaciones del Senado norteamericano. Por no citar los juicios pendientes de Gescartera o el BBV. De ahí el interés del libro Los Paraísos Fiscales de Juan Hdez. Vigueras (colaborador de Cambio 16, miembro de ATTAC y uno de los más firmes estudiosos sobre el tema), que será presentado el próximo 26 de Octubre por el periodista y economista Joaquín Estefanía y Director de la colección, el catedrático Enrique Palazuelos, en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Para quien no ha leído el libro, le resultará sorprendente el subtítulo de "Como los centros offshore socavan las democracias".

Probablemente porque todo el mundo piensa que los paraísos fiscales es una cuestión de países y territorios de baja tributación, como suelen afirmar nuestros expertos fiscales. Por lo general se ignoran sus implicaciones económicas y políticas que están condicionando muchas de las decisiones de los Gobiernos democráticos, aunque nadie lo afirme así de claro.

Según los cálculos de Tax Justice Network, (la Red por la Justicia Fiscal), los centros offshore suponen una perdida de unos 255,000 millones de dólares de ingresos fiscales, una cifra que por cierto podría cubrir muchas necesidades básicas de los subsaharianos, por poner un ejemplo. Mire el caso de Alemania, hablamos de su déficit fiscal pero se olvida que junto a las rebajas fiscales y los recortes sociales de Shröeder iba una amnistía fiscal para la repatriación voluntaria de los capitales alemanes escondidos en Liechtenstein y en Suiza.

Pero hoy es normal que los Gobiernos traten de atraer capitales para crear empleo y desarrollo económico en sus países...

Pero no bajando los impuestos. Eso es lo que hay que cuestionar. La llamada “carrera hacia abajo” en la fiscalidad nos es la solución sino el problema. Nos anuncian que se va a rebajar el 35 % que tributan hoy los beneficios de las empresas, pero ¿hasta donde rebajamos? Porque los resultados de las reformas fiscales siempre concluyen en menos impuestos para el capital y más impuestos sobre las nóminas y el consumo. Y estas no son cuestiones de técnica tributaria sino una cuestión política seria. Debería saberse que los bancos de las islas Caimán tienen unos depósitos bancarios muy superiores a los Francia, aunque el PIB de esas islas sea más de mil quinientas veces menor.

Como usted explica en su libro, en buena medida la existencia y funcionamiento de los paraísos fiscales son una consecuencia de la globalización de los mercados financieros y de la búsqueda de la rentabilidad del capital en unos mercados libres. Pero en algunas páginas, parece que VD. echa de menos los controles estatales sobre los movimientos de capitales entre países.

Solo intento explicar el origen de una situación mundial nueva; pero para algún país en desarrollo esas medidas le habrían salvado, como a Malasia en la crisis financiera del Sudeste asiático. Lo cierto es que se suprimieron los controles del Estado sobre los bancos y el dinero, en la última década principalmente, sin que se estableciera una regulación internacional sobre los movimientos de capitales entre países. Y la falta de esa regulación hace que los paraísos fiscales faciliten, por ejemplo, la expoliación de los países en desarrollo por las corporaciones transnacionales como en el caso de Angola, un país rico en petróleo pero en la cola de los países pobres.

Porque el problema de fondo es que cada vez que un gobierno democrático adopta decisiones se mira a las bolsas para ver las reacciones de los llamados “operadores” financieros, que son los que al final establecen las reglas, porque el capital puede marcharse cerrando bancos, empresas y creando más paro. De modo que esos refugios fiscales, que forman parte de esos mercados globalizados, están sirviendo para presionar a los gobiernos hacia una mayor desregulación de los fondos de inversión o del funcionamiento de los bancos, aunque dejen mayor margen para el blanqueo de los capitales de la droga o la corrupción: porque además de exenciones de impuestos, los centros offshore ofrecen menos regulaciones y máxima opacidad para nuevos productos financieros, para sociedades y bancos ficticios, como en el caso de Aruba, cuyo acuerdo con España sobre intercambio de información fiscal es perfectamente inútil.

En su libro Vd. se muestra muy crítico con el papel que están jugando los organismos internacionales como el FMI, la OCDE y la Unión Europea porque realmente no se cuestionan la existencia de los paraísos fiscales.

Así es. Comprendo que algún lector se pueda sorprender por esas críticas porque en España las organizaciones económicas internacionales tienen muy buena prensa. En primer lugar, en los procesos europeos de integración financiera y de armonización de la fiscalidad, la UE no se ha planteado nunca la eliminación de los paraísos fiscales sino que los ha favorecido, sobre todo con sus acuerdos bilaterales poco transparentes.

En cuanto a la labor del FMI, con las visitas de sus expertos y los informes financieros sobre cada una de estas islas y enclaves, la realidad es que está sirviendo para homologar estos centros offshore otorgándoles respetabilidad, mejorando aparentemente la información macro de su situación financiera, pero no les exige que erradiquen el secreto bancario ni que supriman las falsas sociedades instrumentales que sirven para la evasión fiscal y la delincuencia. Y la OCDE fue la que definió que es un paraíso fiscal con prácticas que perjudican a los demás países, provocando fugas de capital. Pero ya está demostrado que cambió su política contra los paraísos fiscales desde que Bush llegó a la Casa Blanca. Ahora, a Jersey, Andorra, Bermudas, etc., les considera como asociados en un nuevo programa llamado Foro Global sobre Tributación para acordar no se sabe qué reglas fiscales comunes; y nadie le pide a esta Organización que explique qué ha sucedido con el proyecto de 2000 sobre la competencia fiscal perjudicial, que pretendía terminar con los paraísos fiscales antes de finalizar este año de 2005.

Tras los atentados del 11 Septiembre, las evidencias de la vinculación entre los paraísos fiscales y terrorismo internacional quedaron al descubierto, ¿se ha avanzado en ese sentido?

No hay ninguna información solvente que haga pensar en avance alguno. Y fíjese que a raíz de la tragedia del 2001 los EEUU parecía que ponían toda la carne en el asador. En los últimos meses de 2002, el Subsecretario del Tesoro visitó Liechtenstein con un mensaje fuerte para que dejaran de facilitar la financiación de los terroristas islámicos, pero sin mucho éxito.

Porque la idea defendida por los EEUU y aceptada por todos es no entorpecer los movimientos de fondos financieros. Y los resultados de esa filosofía se ven claramente como un ejemplo español como es el reciente Reglamento de prevención del blanqueo, que elaboró el equipo del anterior gobierno y el actual lo promulgó en Enero. Si leemos los artículos 3 y 4 del RD 54/2005, veremos que se admiten excepciones en la obligación de identificación del cliente de las transacciones financieras internacionales procedentes de un país de la UE o de terceros países que pueden ser Liechtenstein, Mónaco, Suiza o cualquier otro paraíso fiscal. Es decir, se deja esa puerta tan grande abierta al blanqueo de dinero sucio de la droga o de la financiación del terrorismo. Se hace un esfuerzo por consensuar a nivel internacional las listas de organizaciones consideradas terroristas y luego resulta que pueden libremente remitir dinero a su gente en territorio español sin tener que identificarse.

Desde ATTAC y otras organizaciones altermundialistas se han planteado diversas soluciones para combatir los paraísos fiscales y sus efectos nocivos, pero casi todas exigen del concurso y la toma de medidas de autoridades nacionales o internacionales ¿Hay algo que puedan hacer por sí mismos los ciudadanos, como consumidores, inversores, o simplemente como tales combatir unos paraísos fiscales que por definición son opacos, inaccesibles a la información, a veces intangibles (espacios tecnológicos) y muchas veces lejanos?

Pienso que en la medida en que los ciudadanos se conciencien más sobre sus consecuencias, habrá más probabilidades de que este asunto entre en la agenda política. Por ejemplo, en todas los escándalos como Gescartera, Enron, Parmalat, Marbella, etc., relacionados con paraísos fiscales aparecen siempre unas sociedades instrumentales, ficticias, registradas en paraísos fiscales, que no son “empresas” como se les llama ni cumplen los requisitos y las garantías que se les exigiría si se constituyeran en territorio español; por tanto, no hay razón para que sean reconocidas ante el ordenamiento español, como se pide en el documento presentado al Ministerio de Economía por Attac-España en Abril. En la reforma fiscal que se anuncia, podría incluirse el no reconocimiento jurídico de esas falsas sociedades, lo que sería una manera eficaz de prevenir la evasión fiscal.-