Movimiento Internacional por la Democratización de los Mercados Financieros y sus Instituciones
OTRO MUNDO ES POSIBLE,
OTRO ARAGÓN TAMBIÉN.
           
     
 
Neoliberalismo

El neoliberalismo es una corriente de pensamiento y una práctica política , que tomó fuerza a finales de los años setenta y durante los ochenta, que da prioridad a las soluciones de mercado para todos los problemas económicos y sociales de nuestro mundo. Es un discurso y un programa de acción que difunden e imponen economistas y políticos para dar a los mecanismos de mercado más importancia, más libertad y más fuerza en la sociedad a expensas de la intervención de las autoridades y la sociedad civil en el funcionamiento de la economía y en los sistemas de protección social.

Neoliberalismo implica una tendencia a fomentar las actuaciones económicas de los agentes individuales, es decir, familias y empresas (sobre todo, de las grandes empresas) en los mercados en que operan. Se prefiere la acción individual a la acción de organizaciones y colectivos, sean informales -como el grupo de los pensionistas-, sean formales -como sindicatos, partidos políticos y gobiernos-. Por eso hace tanto hincapié en todo aquello que garantice la libertad de acción de los agentes individuales en la economía, sobre todo en lo referente a la propiedad privada e irrestricta de los medios de producción y las ganancias derivadas de los negocios. Para los neoliberales, la plena libertad de acción económica es una garantía de libertad personal, una condición indispensable para el crecimiento en responsabilidad y una necesidad para el uso eficiente de los talentos individuales y los recursos colectivos de la sociedad.

Se llama neoliberalismo porque proviene del liberalismo original surgido en los siglos XVIII y XIX, pero en un contexto completamente diferente. Esta nueva clase de liberalismo nace y crece en sociedades plenamente democráticas cuyas actividades económicas están ya básicamente organizadas en torno a mercados libres, aunque regulados y a veces intervenidos por las autoridades. La economía en ellas es, con alguna limitación, una economía de mercado, aunque por razón de la presencia de las autoridades y los agentes sociales se la conoce como economía mixta. Esta diferencia sustancial de las circunstancias en las que nacieron el liberalismo original (asimetría de poder entre la élite absolutista y la ciudadanía) y el neoliberalismo moderno, hace de ellas dos corrientes muy diversas, hasta el punto de que se dude seriamente de que el neoliberalismo tenga algo que ver con el liberalismo clásico de los grandes maestros de la economía política de los siglos XVIII y XIX.


Neoliberalismo contra economía mixta.

Históricamente, se puede seguir el surgimiento del neoliberalismo a medida que se va agotando el modelo de economía mixta que, entre 1947 y 1970, había tenido grandes éxitos en la reconstrucción y el desarrollo de las economías destruidas por la guerra, así como el lanzamiento a la economía mundial de las naciones nuevas que resultaron de la disolución del régimen colonial. Las economías occidentales, excepción hecha de los países socialistas que prosperaron gracias a la economía planificada, se reconstruyeron y prosperaron en un régimen de mercado un tanto especial en el que la acción de gobierno tuvo un papel decisivo. No solamente controlaron precios y salarios, tipos de cambio, movimientos de capital e intercambios comerciales, sino que los gobiernos intervinieron fomentando sectores industriales y polos de desarrollo tanto por medio de subsidios directos a empresas privadas como por su participación directa en ellos como empresarios con grandes empresas y consorcios industriales públicos. En el Reino Unido, el Estado nacionalizó sectores estratégicos, como el acero y el carbón, para ejercer un control más profundo de la economía.

El sistema de economía mixta se basó en una colaboración del mercado con el Estado en la conducción de la economía a niveles superiores de bienestar para todos los ciudadanos. Esta filosofía fue también practicada a su manera en los Estados Unidos, donde las autoridades fueron muy activas después de la guerra en el control de los ciclos de crecimiento y recesión. Las autoridades norteamericanas consiguieron mantener la economía creciendo sin apenas inflación entre 1945 y 1970, mediante activas políticas monetarias (tipo de interés y oferta monetaria) y fiscales (con déficit cuando la actividad económica declinaba y superávit cuando crecía). También intervinieron por medio de la regulación de las actividades comerciales de sectores estratégicos, como las medicinas y los alimentos, la lucha contra los monopolios, el ordenamiento de los transportes y comunicaciones y manteniendo la restrictiva legislación bancaria surgida de la depresión de los años treinta para evitar las quiebras de bancos.

En este contexto creció y se consolidó la clase media en las democracias occidentales, vio su origen el fenómeno del consumo de masas y se desarrollaron las medidas de protección social y los bienes públicos que conocemos como "Estado del bienestar". También creció mucho el poder de los sindicatos y otro tipo de asociaciones y movimientos para pedir cuentas a gobernantes y empresarios sobre las decisiones que afectaban a la economía y el bienestar de todos los ciudadanos.

Al final de los años sesenta, coincidiendo con la escalada militar de los EEUU en Vietnam, las cosas comienzan a ir mal en la economía mundial. El sistema de tipos de cambio establecido por el Acuerdo de Bretton Woods deja de ser funcional y los mercados de divisas someten a grandes presiones a algunos países importantes. En 1971, el Gobierno de los EEUU termina la convertibilidad del dólar con el oro y comienza así una época de gran incertidumbre y volatilidad en las relaciones internacionales. En 1973 se abandona definitivamente el sistema de cambios fijos y se inaugura el de tipos flotantes. Ese mismo año sube también el precio del petróleo, lo que sume a muchos países en una gran crisis de crecimiento, por lo que las economía occidentales se ven en la necesidad de reconvertirse y remodelarse para hacer frente a los cambios en la economía internacional.

En esta coyuntura, se fortalecen y se hacen más audibles las opiniones de quienes habían mantenido sus recelos acerca de las relaciones de fuerza entre capital y trabajo que la economía mixta había hecho posibles. En otras palabras, había algunos que estaban descontentos con el nivel de distribución del ingreso y de la riqueza que el sistema había llevado a cabo. Cuando fallaron los mecanismos de producción de riqueza, los descontentos se volvieron contra el mecanismo de distribución y, en primer lugar, contra los sindicatos.

Las ideas contra el papel del Estado en la economía circulaban en sectores académicos y políticos, mientras el manejo de la economía seguía moviéndose en el marco tradicional de la economía mixta. La revolución política neoliberal no llegó hasta que en 1978 la señora Margaret Thatcher ganó las elecciones en el Reino Unido y comenzó a practicar lo que su mentor intelectual, el rabioso neoliberal Keith Joseph, le había estado metiendo en la cabeza. En 1980 sale elegido en los EEUU el actor de Hollywood Ronald Reagan, quien, con una determinación y una simplicidad propias de un actor mediocre, anuncia toda una serie de medidas tomadas de la panoplia de armas económicas neoliberales. A mediados de los ochenta, el triunfo del neoliberalismo como teoría y como práctica es casi total, habiendo infectado también a los gobiernos socialdemócratas (Mitterrand, Felipe González) y demócrata-cristianos (Helmut Kohl, Andreotti) y no dejaba de tocar al laborismo inglés con las pretensiones de hacerlo discurrir por una "tercera vía".

Los principios neoliberales.

El neoliberalismo profesa que el mercado libre coordina adecuadamente las acciones individuales de carácter económico para conseguir un nivel de riquezas mayor que el que se podría conseguir con otros medios, fundamentalmente más cercanos a la intervención estatal. Esa entelequia llamada mercado se convierte, por obra y gracia de los neoliberales, en principio ordenador de la economía, es decir, de los millones de transacciones que cada día realizan las familias, los individuos y las autoridades. Se convierte también en un arma arrojadiza contra la intervención de las autoridades en la regulación de los innumerables mercados concretos, de los cuales el término "mercado" no es más que una abstracción, una entidad metafísica, inobservable y dotada de unas propiedades que no reconocemos en los mercados reales. El término de referencia de los neoliberales es el modelo teórico de "equilibrio general en competencia perfecta", del cual se pueden predicar todas las ventajas sin experimentar mal alguno.

Los neoliberales recalcan que los mercados manejan más datos e interpretan mejor la información, suministrada voluntaria e involuntariamente por quienes participan en ellos como compradores y vendedores, que cualquier oficina de planificación y control de los ministerios económicos. Según esta doctrina, la racionalidad de los agentes individuales, familias y empresas, que buscan un máximo de ventaja en las transacciones económicas que realizan, asegura el uso más eficiente de los recursos escasos de la economía. Eso sería verdad, si hubiera algún ente económico que coordinara, en un mundo sin conflictos de intereses, las acciones individuales de cada agente para el beneficio de la colectividad.

Las administraciones públicas tienen una racionalidad diferente: al no tener que hacer frente a la necesidad de obtener beneficios para mantenerse en el marcado, no tienen la necesidad de comparar sus costos y sus beneficios como las empresas privadas. Esto es así, en parte, porque no es fácil asignar un valor monetario preciso a los bienes públicos y servicios que ofrecen a los ciudadanos las administraciones públicas. Pero los neoliberales no reconocen otro criterio de eficiencia que el análisis costo-benefício, por lo que argumentan que las decisiones de las autoridades nunca obtienen soluciones económicas óptimas desde el punto de vista económico, y el uso que se hace de recursos escasos lleva ordinariamente a grandes despilfarros y a obras tan enormes como inútiles. Así pues, los neoliberales no pueden reconocer los beneficios monetarios y no monetarios que la intervención de las autoridades proporciona a los ciudadanos, sobre todo a aquellos a quienes los mercados les niegan sus favores (por no tener dinero, obviamente). En general, prefieren que la intervención de las autoridades , cuando resulte inevitable, sea limitada, transparente, coherente (sin oscilaciones) y, en todo caso, la menor posible.

El Estado del bienestar es una limitación de la libertad individual, dicen los neoliberales, porque limita "el derecho que tiene cada persona a valerse por sus propios medios". La idea de que la protección social que ofrece el Estado del bienestar genera una indebida e insana dependencia está muy extendida en EEUU, de donde parecen haberla tomado los neoliberales continentales. No distingue esta filosofía entre los abusos que se hacen de los sistemas de protección social y los casos extremos de marginalidad y destitución, que generan una dependencia casi estructural de la ayuda de las autoridades o de la caridad privada. Por eso, al querer eliminar la "dependencia", se deja completamente abandonados a los casos peores.


Filosofía política del proceso de globalización.

La globalización es un proceso social cuyas bases son las innovaciones tecnológicas, tanto en las comunicaciones como en la computación, y la mundialización de la producción, es decir, la expansión de las empresas transnacionales por todo el mundo. Cuando la globalización empezó a mostrar sus perfiles más claros y salientes, allá por los años setenta y ochenta, ningún gobierno trató de dirigir el proceso hacia una economía internacional más solidaria, sino que se dejó que el sesgo neoliberal hacia la libertad de los mercados lo hiciera.

El neoliberalismo es por naturaleza global, como lo es el capital, y los neoliberales prefieren el ámbito internacional porque en él existe menos regulación que en el nacional. Los grandes bancos, por ejemplo, han buscado el estatus de off-shore (fuera de las fronteras) para poder hacer operaciones que sus legislaciones nacionales no les permiten. Así mismo, los neoliberales querrían que la economía internacional fuera sólo de la incumbencia de los agentes que operan dentro de los mercados, sin que nadie de fuera les diga lo que pueden o no pueden hacer. Esta apetencia de libertad desmedida en el ámbito internacional se disfraza de inevitabilidad, la inevitabilidad de unos procesos que se van imponiendo por la propia fuerza de los agentes económicos que los impulsan, y que siguen un plan para abrir todos los mercados del mundo a la acción de las grandes empresas e instituciones financieras privadas.

Las barreras a este intento de penetración y conquista son las viejas barreras de la soberanía nacional, los frenos del Estado del bienestar y la legislación laboral, las incorruptibles culturas nacionales y las diferentes lenguas de los pueblos. De todos estos impedimentos quisiera hacer tabla rasa la globalización neoliberal. Los grupos de poder que la impulsan son también los que fomentan y financian las investigaciones de los profesionales de la economía y el discurso de los medios de comunicación (algunos de ellos también grandes empresas), es decir son los formadores de opinión y creadores del pensamiento único, que tratan de convencer a los gobernantes y a todos los ciudadanos de que las cosas no se pueden hacer de otra manera. Pero los actuales movimientos sociales, las dos cumbres sociales de Porto Alegre y las grandes manifestaciones como la de Barcelona en marzo del 2002, demuestran que la gente no se ha tragado esa patraña. "Otro mundo es posible" proclaman las multitudes insatisfechas con los resultados de la globalización neoliberal, a la vez que proponen cambios en el orden económico internacional para continuar con el proceso de la irrefrenable globalización por otros derroteros más democráticos, más igualitarios y, en definitiva, más humanos.


Conclusión

El optimismo que rezuman los planteamientos teóricos del neoliberalismo es tan extremo que no consigue alejar la sospecha de que es falso, de que no se lo creen ni sus mismos promotores. No hay ninguna providencia que ordene el mundo en sus detalles. Los hombres dejados a sí mismos, hacen del motivo de lucro, que es el punto de apoyo predilecto del neoliberalismo para conseguir el orden social, un motivo e impulso para el engaño, la opresión y el crimen. El neoliberalismo necesariamente lleva a sacralizar la avaricia, a convertir el egoísmo en virtud cardinal y a considerar la ley del más fuerte como la primera ley para el progreso de la humanidad. Desconoce o niega, según las versiones, la naturaleza social del ser humano, la intrínseca necesidad del otro que la especialización laboral y las nuevas formas de vida han impuesto a las mujeres y hombres modernos. En definitiva, lleva a la destrucción del pacto social y de los sistemas de protección que nos hemos dado, no sin esfuerzo, para sobrevivir en un mundo incierto que el neoliberalismo hace aún más peligroso.

ATTAC