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Movimiento
Internacional por la Democratización de los Mercados Financieros
y sus Instituciones
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OTRO MUNDO ES POSIBLE,
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OTRO ARAGÓN
TAMBIÉN.
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Los servicios sanitarios son un pilar fundamental del Estado
del Bienestar, de hecho todos los países desarrollados – excepto EE.UU.
–hacen accesible a su población estos servicios, dentro de lo que
podemos denominar un “Estándar Internacional de Servicios de Salud”,
que pueden variar de unos países a otros aunque tengan una base común.
El modelo del sistema sanitario que tenemos en España es de Servicio
Nacional de la Salud (SNS), cuya referencia
ha sido el National Health Service (NHS) creado en el Reino Unido en 1945,
a este modelo se adscriben todos los países nórdicos, se caracteriza por
su dimensión universal y gratuita (financiado por impuestos), lo que le
confiere un claro carácter redistribuidor y por lo tanto tendente a la
equidad, aunque como veremos mas adelante, los ataques a que se ve
sometido durante los últimos lustros han limitado su progresividad.
Hay que decir, no obstante, que a pesar de que estos países tienen
una base común, existen diferencias importantes sobre cuestiones como
provisión de recursos y estructura del personal.
Es de destacar que los sistemas de SNS, cuando funcionan bien, están
bien dotados, y con personal con claro concepto de servicio publico,
logran altos grados de eficiencia y una
alta valoración de la ciudadanía, como ocurre en los países del norte
de Europa.
Por naturaleza la sanidad tiene una dimensión ética profunda lo
que determina que deba de estar amparada por el entorno publico y excluido
de los bienes de mercado, tanto por razones de eficacia como de equidad,
pero también tienen un gran peso en
la economía de un país lo que a su vez genera importantes expectativas
de negocio de cara al campo privado determinando tensiones ante les
decisiones a tomar. De igual manera es importante su contribución al
empleo total (10,2% en Finlandia, 7,6 en Francia, 4,4 en España),
teniendo en cuenta que los activos humanos son lo más valioso de los
servicios sanitarios.
El énfasis en la salud y no en la enfermedad es fundamental para
reducir las desigualdades e incluso los costos de un sistema sanitario
publico: este será tanto más eficiente, rentable socialmente y con menor
costo cuanto más saludable sea la población.
El sistema sanitario español encuentra su soporte formal en
los derechos universales de protección a la salud y a la asistencia
sanitaria sancionados por la Constitución de 1978. La ley 14/1986, Ley
Gral. De Sanidad (LGS) por su parte constituye el marco normativo básico
con el que se ha pretendido dar contenido a la idea de sanidad que se
deriva del mandato constitucional. Para ello la LGS ha transformado el
anterior sistema sanitario de seguridad social y de la beneficencia (1963)
en un sistema nacional de salud (SNS) de financiación publica y basado
fundamentalmente en los principios de universalidad,
gratuidad e igualdad de acceso. Es decir su asistencia es independiente de
la participación en el mercado de trabajo, lo cual es un cambio
cualitativo fundamental
Se planteo la universalidad del servicio, pero funcionarios y otros
colectivos tienen coberturas sanitarias especificas, privando a la sanidad
publica de unos usuarios informados que podrían contribuir a demandar
unos estándares de calidad mas elevados.
España dispone de un SNS integrado que dispone de su propia red de
ambulatorios, hospitales y personal sanitario. El sistema esta
descentralizado en las CC.AA. que son responsables de la asistencia
sanitaria en sus respectivos territorios integrándose su financiación a
través de una cesta de impuestos. El sistema sanitario esta organizado
en: Atención primaria y atención hospitalaria.
Para su continuidad y mejora es fundamental un amplio respaldo
social y critica constructiva, siendo necesario que responda a las
necesidades reales y lograr que sea empleado por todos los grupos sociales
El gasto sanitario en España se ha visto sometido a
tensiones contrapuestas que han determinado por una parte su
universalización, pero por otra se ha visto afectado por los objetivos de
contención del gasto publico sin haber llegado a un grado aceptable de
consolidación. Esto se ha
hecho perceptible sobre todo a partir de los 90
Como consecuencia de esta política económica el déficit publico
a disminuido sensiblemente, pero a su vez ha disminuido de forma
importante la inversión publica. Esto ha determinado una minoración
relativa del gasto publico en sanidad, especialmente sensible en el
mandato del PP. En este periodo se ha hecho una apuesta clara por una
paulatina privatización de la asistencia sanitaria. Evidentemente la
sanidad española necesita reformas si quiere continuar siendo universal,
gratuita y de calidad, sin embargo importando reformas como las
introducidas por Thatcher en el NHS, con los resultados de todos
conocidos, no se logrará su mejora, ya que atentan contra la continuidad
del sistema. La
empresarialización con
figuras como las fundaciones sanitarias publicas, o la potenciación de
las aseguradoras privadas, pueden acabar fraccionando la red asistencial.
De ser así aumentará el
numero de usuarios con doble cobertura publica y privada, con el peligro
de que poco a poco la sanidad publica quede
como una “sanidad para pobres”. A esto hay que sumar un mayor
ensanchamiento de las desigualdades regionales a las que contribuyen los
planes estratégicos de las distintas CCAA, y a la inexistencia de un plan estratégico integrado a nivel
del Estado debido a la disfuncionalidad
del Consejo Interterritorial de Salud. Es de esperar que las dinámicas
en marcha para solucionar
esta situación puedan corregir nuestro sistema sanitario y llevarlo por
el camino de la suficiencia y de la equidad
Los
factores que determinaron la aminoración relativa del gasto en sanidad en
los Presupuestos Generales del Estado (PGE) a partir del 93, son en primer
lugar la crisis económica mundial 92-93 y el plan de convergencia
o de Maastricht que genero una política de austeridad continuada
para conseguir el equilibrio presupuestario y que se acentuó con los
gobiernos del PP, incidiendo de manera importante sobre el gasto social.
A pesar de la dificultad de cuantificar el gasto sanitario privado,
farmacia incluida, se ha estimado que del gasto total alrededor de 70% ara
publico en 1993. A partir de este año la diferencia entre privado y
publico se va acortando pero de una manera moderada debido al ligero
incremento de la demanda sanitaria privada. A este respecto hay que señalar
que el atractivo fiscal con que cuenta la sanidad privada (ley 40/1998),
además de cuestionar la capacidad redistributiva del IRPF, favorece el
aseguramiento privado en detrimento de la sanidad publica
El gasto publico, según EUROSTAT, en la función sanidad en % del PIB fue del 5,8 en España en el año 2000, la media
de la UE fue del 7,2%. España es uno de los países de la UE con menos
gasto publico sanitario con relación a su riqueza.
Desde 1987 el gasto en sanidad en % del PIB no dejo de crecer hasta
1993 (6,6% del PIB), a partir de este año el proceso se ha invertido. Un
proceso parecido se ha producido en las Comunidades Autónomas.
Al analizar el gasto sanitario publico durante la segunda mitad de
los 80 y los primeros 90 llama la atención en primer lugar su incremento
que fue realmente importante pero a pesar de todo insuficiente. En 1991 el
“ Informe Abril Martorell” incidía en la necesaria revisión del
sistema sanitario y proponía la
separación de las funciones de financiación, compra y provisión de
servicios conforme a las ideas en boga del momento. En realidad lo que se proponía era la aplicación de
criterios privados para la flexibilización da la gestión del SNS., es
decir una privatización parcial de la sanidad publica, que se realizaría
a través de la empresarialización con sometimiento al derecho privado de
los centros sanitarios públicos, mediante la creación de empresas o
fundaciones de carácter publico.
Debido al rechazo social y político que provoco el “Informe
Abril”, sus recomendaciones no fueron llevadas hasta sus ultimas
consecuencias por los gobiernos del PSOE, que apostaron por reformas más
discretas. Sin embargo algunas comunidades autónomas (Cataluña, P.
Vasco) no tuvieron esa moderación. Con la llegada del PP al poder en 1966
las formas de gestión de la sanidad publica han experimentado un giro
significativo. Nada mas desembarcar en la Moncloa se presento un proyecto
de ley sobre nuevas formas de gestión del SNS, con el cual se pretendía
recuperar el espíritu del “informe Abril” con el fin de
“flexibilizar” el sistema.
Dos documentos van a tener una importancia capital en el futuro de
la sanidad publica: el informe de la Subcomisión de la Sanidad de 1997 y
el plan estratégico del Insalud del 98, ambos hacen una apuesta clara por
la paulatina privatización, mas o menos solapada, de la asistencia
sanitaria, con los consiguientes peligros de ensanchamiento de las
desigualdades que hemos señalado mas arriba.
El Insalud ha sido el principal ente gestor de la sanidad
publica española y su estructura fundamental, por ello ha recaído sobre este
organismo el núcleo de las reformas del SNS. Entre el 93 y el 2000 el
presupuesto del Insalud creció una media del 7,8%, crecimiento
insuficiente y muy inferior al registrado a finales de los 80 y principios
de los 90, lo que ha determinado la moderación en al incremento de la
cuantía de los programas. En términos reales y en contra de lo que
algunas cifras manejadas pudiesen sugerir, hay que decir que, por ejemplo,
si consideramos que en 1993 se hubiese gastado en sanidad 100 p. en el
2000 serian 119 p. es decir un incremento real de un 19% en siete años,
un incremento nada espectacular dadas las necesidades de nuestra sanidad
publica. Por
otra parte los ingresos por cotizaciones sociales, principal instrumento
de financiación del sistema sanitario desde su creación, fue dando paso
a la financiación por impuestos. Si en el 79 las cotizaciones sociales
representaban el 90% de los ingresos del Insalud, en 1990 sólo eran el
27%, participación que fue disminuyendo durante la década de los 90
hasta desaparecer prácticamente en 1999. El resultado es una sanidad más
solidaria por ser para todos y sostenida por todos.
Las
desigualdades en salud son un
producto de la forma en que una sociedad se estructura, organiza y
funciona. Estas desigualdades no solo se manifiestan de unos países a
otros sino dentro de los mismos países según posición socioeconómica:
nivel de riqueza, educación, tipo de trabajo, modo de vida, etc., lo que
determina la existencia de un gradiente social de salud, que incluso se
manifiesta en el estado de salud autopercibido. Estudios recientes
muestran que las desigualdades es salud tienden a permanecer o incluso a
incrementarse, poniendo de manifiesto el enorme impacto que tienen
factores como la renta, la pobreza, el desempleo, el trabajo precario, la
vivienda, o el genero, además del nivel de los servicios sociales. En
nuestro país esto se va agravando por la debilidad del Estado del
Bienestar y las desigualdades entre clases y áreas geográficas, incluso
entre el propio entorno ciudadano, detectándose indicadores de salud que
llevan a sensibles diferencias en las expectativas de vida ( en Barcelona
de hasta 10 años entre clases extremas).
En el mundo laboral de todos es conocido el alto nivel de
siniestralidad y como este incide fundamentalmente en trabajadores con
contrato precario
La universalización de los servicios sanitarios durante los años
80 fue un paso importante y redujo las desigualdades, pero lo señalado
anteriormente pone en evidencia lo mucho que aun queda por hacer. En este
sentido seria necesario la creación de un observatorio sobre las
desigualdades de salud a nivel estatal, como base para una intervención
decidida en este tema dada la debilidad de las políticas publicas sobre
esta cuestión, que ni siquiera se trata a nivel mediático por ser un
problema potencialmente muy conflictivo.
En resumen, como ya se ha expresado el desarrollo del Estado
del Bienestar español y
dentro de él el sistema sanitario se ha visto sometido a tendencias
contrapuestas que han
determinado que a la vez que se ha universalizado ha sido también
afectado por objetivos de reducción de gasto y de reorientación ideológica,
de manera que no se ha
atendido suficientemente a
las necesidades de salud derivadas del aumento de tasa de cobertura o de
los cambios de la estructura de
edad de la población, lo que a generado una presión asistencial que ha
justificado para los gobernantes la promoción de la asistencia privada,
tendiendo a la mercantilización de las áreas mas rentables de la
asistencia sanitaria, lo que determinara el incremento de las
desigualdades según la posición de clase. Todo esto se traduce en: ·
Poco tiempo de visita en
atención primaria ·
Listas de espera a todos los
niveles ·
Falta de confort ·
Incremento progresivo de lo
privado ·
Déficit de salud laboral y
ambiental En suma, descrédito de la sanidad
publica.
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