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Movimiento
Internacional por la Democratización de los Mercados Financieros
y sus Instituciones
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OTRO MUNDO ES POSIBLE,
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OTRO ARAGÓN
TAMBIÉN.
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La lógica del mercado
ha imperado fundamentalmente durante las ultimas décadas
y las relaciones laborales han tenido que subordinarse con mayor
intensidad a esta lógica, teniendo como consecuencia la introducción de
la flexibilidad laboral, la moderación salarial y la reducción de todo
tipo de garantías. El objetivo es la adaptación “competitiva” al
nuevo contexto de internacionalización económica capitalista que lleve a
incrementar la tasa de ganancia y a acelerar la acumulación de riqueza,
ya que esto, se nos dice, generara empleo, aunque la realidad es que esta
dinámica, por el contrario, no ha solucionado el problema del paro y si
ha supuesto una importante degradación de las relaciones laborales, de
manera que se podría hablar da el nacimiento un sub-proletariado cada vez
mas joven y precarizado.
En España a principio de los 90, con la aprobación del tratado de
Maastricht y su plan de convergencia, se acentúa la ofensiva neoliberal y
el furor desregulador que se plasma en la reforma del Estatuto de los
Trabajadores del 94 bajo la promesa, una vez mas, de la creación de
empleo. Es interesante señalar que en esta reforma se legaliza la
existencia de las empresas de trabajo temporal (ETT), que en realidad es
una doble vía de flexibilización discrecional del mercado laboral.
La relación salarial se constituye, en la sociedad capitalista,
como el principal instrumento de distribución social del producto del
trabajo ( no olvidar la triple dimensión del salario: directo, indirecto
y diferido). En España, sobre todo a partir de los 90, se ha vuelto a
incrementar esta desigual distribución: la relación entre los costos
laborales reales (salario + cotizaciones) y la riqueza real generada por
cada trabajador ha disminuido
en un 12% en el periodo 1980-96, como resultado del proceso anteriormente
definido. Dado que la moderación salarial ha determinado que los salarios
reales y su poder adquisitivo disminuyan si tenemos en cuenta los
incrementos de la productividad, se ha generado un transvase de rentas del
trabajo al capital que ha sido el principal beneficiario del crecimiento
económico. A
pesar de la importancia incuestionable que tienen el gasto publico y la
estructura impositiva, en un sistema capitalista el pleno empleo y el
aumento de los salarios son el mejor instrumento de distribución
progresista de la riqueza Precarizacion.
Con estas reformas y otras
medidas que vinieron después se incrementa de manera importante la
flexibilidad laboral, así en
el año 2002 esta llega a un 32% de la
población con trabajo, siendo del 80% entre los jóvenes de 16 a
19 años y del 60% entre los de 20 a 24 años. España es el país en el
que mayor numero de personas combinan
empleo precario y desempleo en una dinámica repetida.
En realidad lo que se esta produciendo es un proceso de sustitución
de viejos contratos por otros nuevos en peores condiciones. La
precariedad laboral desestructura fuertemente el mercado de trabajo,
creando nuevas categorías de trabajadores que normalmente no se ven
afectadas por los convenios, se individualiza la relación laboral, al
tiempo que se dan muy bajos niveles de sindicación. Todo ello ha
determinado la segmentación del mercado de trabajo,
que ha llevado a una reconfiguración interna de la clase
trabajadora y que supone importantes transformaciones sociales, generando gran desprotección en amplias capas de
trabajadores. En resumen se ha producido un amplio sector de trabajadores
precarios. Todo esto ha provocado una perdida del poder negociador de la
clase trabajadora al ser mes difícil hacer homogéneas las
reivindicaciones, reduciendo su capacidad para articular colectivamente la
defensa de sus condiciones de trabajo, de manera que incluso a nivel
sindical, en los segmentos donde se producen más altos niveles de
precarizacion existe también
una baja afiliación Es este
un difícil reto que los sindicatos, hasta ahora, no han sabido afrontar,
integrando este problema en su dinámica general ¿Qué
se entiende por trabajador precario? : aquellos que ven reducida su
capacidad para controlar y planificar su presente y su futuro dada su
situación de vulnerabilidad, que se caracteriza por : ·
Incertidumbre sobre la
continuidad de la relación laboral. ·
Degradación de las
condiciones de trabajo, entre ellas aquellas que puedan generar
alternativas de defensa contra lo arbitrario, incluidas las tendencias a
la sindicalización. ·
Insuficiencia
de ingresos saláriales ·
Reducción de la protección
social. El
empleo precario genera para las empresas menos
costos impositivos, acceso a
subvenciones publicas, evitan pago de horas extras, y refuerza la
autoridad del empresario, en resumen disminuye sensiblemente la calidad
del empleo. La experiencia demuestra que el empleo precario no hace
disminuir el paro de una manera sensible, paro que depende de otros
factores como el ciclo, estructura, cultura
económica, etc. En el mejor
de los casos a lo que se nos quiere llevar es a un “pleno empleo
precario”. Uno de los rasgos de la situación española con respecto a la Mayoría de los países de nuestro entorno, es la baja tasa de actividad (54,3% en el año 2002), fundamentalmente por la baja tasa de incorporación de la mujer española al mercado laboral, a pesar de la evolución favorable de los últimos años. El elevado ritmo de creación de empleo (precario) de los últimos años no ha sido suficiente pare que nuestro país deje de tener el % de desempleados mas elevado de la UE.
Las prestaciones por desempleo en España pueden tener un
carácter contributivo, es decir basado en cotizaciones anteriores durante
el periodo de actividad y carácter asistencial que dependen de la situación
personal, este es el caso del subsidio para mayores de 52 años. Estas
prestaciones, ante un desempleo de carácter estructural que no desaparece
y que a pesar de la bonanza del ciclo económico se ha estabilizado en
tasas del 11% según la Encuesta de Población Activa (EPA), han tendido
ha hacerse cada vez más restrictivas desde mediados de los 80.
Posteriormente las políticas del control de gasto hacen de estas
prestaciones una de sus victimas propiciatorias. El endurecimiento de las
posibilidades de percibir una prestación por desempleo, denota un mayor protagonismo del mercado (mercantilización), en
perjuicio del principio de equidad y disminuye la capacidad de elección del puesto de trabajo. En resumen: es una
manifestación más de la perdida de calidad de las relaciones laborales. Al
establecer una relación más exigente entre el tiempo de trabajo y el
tiempo de cobro de la prestación contributiva en la década de los 90, se
abre una etapa claramente remercantilizadora bajo la coartada del Plan de
Convergencia y que genera el famoso “decretazo”, en el que se reducen
tanto la cuantia como la duración de la prestación contributiva y se
endurecen las condiciones de acceso a la misma.
Estamos de acuerdo en que hay que establecer controles para evitar
la picaresca en la percepción de estas prestaciones, pero hay que
denunciar aquellas opiniones, que se repiten con insistencia, tendentes a
criminalizar a las victimas, tratando de presentar a los parados poco
menos que como en colectivo de vagos y a las prestaciones por desempleo
como un subsidio a la ociosidad y un desincentivo a la búsqueda de
empleo, eludiendo, de paso, la responsabilidad del sacrosanto sistema en
el problema del desempleo.
La evolución del gasto social en protección por desempleo esta
determinada básicamente por la confluencia de tres factores: numero de
parados, condiciones para acceder a la prestación y cuantía de las
prestaciones.
El gasto social por desempleo ha disminuido sensiblemente desde
1993, en este año suponía un
2,8% del PIB, pasando a 1,3% en el 2000. Esta tendencia no se justifica
exclusivamente por el descenso del numero de parados, sino también
por la mayor dificultad para acceder a la prestación, en un país
donde menos del 50% de ellos la cobra según la EPA. Tanto es así que el
desempleo es una de las vías de pobreza, al menos de pobreza relativa, no
solo por la no percepción de la protección, sino por la cuantía de
estas percepciones muy alejadas de la renta media. Esto es tanto más
injusto si consideramos que a partir del 99 el sistema ha generado superávit,
es decir lo recaudado por cotizaciones ha sido superior al monto de las
prestaciones, considerando incluso las bonificaciones a las empresas. El
endurecimiento de los requisitos de acceso a la prestación, así como los
periodos y cuantías reconocidas provoca una reducción de la cobertura, y
un transpaso de posibles beneficiarios al área asistencial. En este
sentido uno de los problemas del desempleo en España es la dificultad de
incorporarse a un primer empleo de manera minimamente estable. Esto tiene
su importancia de cara al gasto por desempleo, ya que hay sectores que así
tienen más difícil el derecho
a la prestación, fundamentalmente mujerea y jóvenes.
En los factores de desigualdad
ya nos hemos referido a la situación de los jóvenes. También
merecen mención especial la situación de las mujeres en un sistema que
esta diseñado de cara al “cabeza de familia”, por ello los
beneficiarios son fundamentalmente varones a pesar de que las
tasas de paro femenino son sensiblemente superiores a las
masculinas. La regulación de la participación femenina con igualdad de
oportunidades que se plasma en la posibilidad de compatibilizar la familia
con el trabajo actúa sobre lo “realmente existente”, pero no elimina
la discriminación de la mujer, mucho más si tenemos unas políticas de
ayuda a la familia que son muy pobres.
Mas adelante nos referiremos a ellas. A pesar
de las políticas de apoyo al trabajo femenino la mujer sigue
asumiendo mayor inseguridad general, precariedad laboral y más bajos
salarios que el hombre, por lo que podemos decir
que la incorporación de la mujer al mercado laboral
ha modificado, pero esta lejos de suprimir, la lógica de las relaciones patriarcales de la esfera
familiar.
Las situaciones conflictivas que con relación al problema
del paro se han producido en otros países europeos, sorprendentemente no
han tenido lugar en el nuestro con la misma intensidad a pesar del elevado
nivel de desempleo, esto se ha debido en parte a la protección que ha
proporcionado la esfera domestico-familiar. Al final de los 90 el 22% de
los parados eran cabezas de familia y el 52% eran hijos en este entorno, es decir la solidaridad
familias ha suplido la falta de protección publica. En este sentido puede
hablarse de un proceso de familiarización en la protección al desempleo.
Por
otra parta no podemos olvidar que el discurso neoliberal de culpabilizar a
los propios parados de su situación ha calado en ciertos sectores de la
sociedad, incluso entre los propios parados impidiendo una toma de
conciencia del porque de su situación. En
cualquier caso, la protección al desempleo ha respondido más a una
estrategia de evitar conflictos que a una intención de protección y
redistribución de recursos.
En resumen podemos decir que España no solo es un país con
un alto nivel de contratos precarios, sino también de baja calidad de
empleo debido al nivel salarial y desprotección que llevan implícitos
dichos contratos. Igualmente con un bajo nivel de protección social a
pesar de las voces que continuamente tratan, sin demostrarlo, de hacernos
creer lo contrario. En este sentido, la experiencia indica, y no solo en
España, que la precarizacion del empleo no soluciona el problema del
paro, fundamentalmente aquel que tiene un carácter estructural.
Finalmente hay que decir que la falta de seguridad en el empleo hace
ineficientes las inversiones en lo que se ha dado en llamar “capital
humano”, y esto es uno de los factores que determinan la baja
productividad del sistema productivo español, de la que tanto se habla últimamente
como uno de los factores más negativos de nuestra economía.
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